Aprenda a Dominar su Mal Genio1

Partamos de un hecho fundamental: “la ira que no se expresa puede producir efectos nefandos, disfrazada con rostros muy variados y cubierta con máscaras muy diferentes”. Ahora es necesario mirar otra realidad: tenemos que aprender a expresar la ira de forma constructiva de tal manera que no afecte nuestras relaciones interpersonales e intrapersonales (con uno mismo).

La persona emocionalmente madura es capaz de experimentar y de expresar ADECUADAMENTE una amplia variedad de sentimientos, entre ellos la ira.  Es opinión muy generalizada de los psicólogos modernos que la persona madura es la que aprendido a:

  1. Experimentar, una amplia gama, variedad y profundidad de sentimientos y emociones positivas y negativas.
  2. Expresar las emociones de manera adecuada, es decir controladas por la voluntad y no al revés (las emociones controlan la voluntad y la acción), bajo la guía de la inteligencia.

Algo que es importante tener en cuenta es que las causas de nuestras emociones no son los SUCESOS EN SÍ (situaciones, circunstancias), sino la FORMA COMO PERCIBIMOS, INTERPRETAMOS esa situación o suceso.

En la actualidad la ola de violencia crece de formas y maneras inusitadas, inimaginables. Escuchamos a diario en los noticieros muertes, asaltos, heridos por riñas entre amigos, masacres como las de Boston, París y las guerras con las subsecuentes consecuencias: pobreza, marginación, violación de derechos y miles de personas que huyen de su país en búsqueda de paz y mejores días para su familia; creándose situaciones inhumanas de migración y refugiados.

Por eso creo que es necesario, como lo dice el título de este artículo, aprender a dominar nuestro mal genio. Y esto siendo conscientes que los grandes cambios empiezan por los propios, es decir por los personales.

A continuación presento sugerencias prácticas para el manejo de la agresividad y el  mal genio:

1º-Reconoce tus sentimientos agresivos: Las personas mentalmente sanas no son las que no sienten ira; son las que saben expresarla constructivamente.  Es decir al expresar la ira lo hacen de manera adecuada sin herir a nadie ni herirse a sí mismos.

2º- Identifica la causa de tu ira: El primer paso para manejar la agresividad es reconocer sencillamente: Tengo rabia. Ahora es necesario averiguar contra quien o contra qué siento ira.

3º- Recuerda el enorme influjo que tus interpretaciones y creencias juegan sobre la estimulación y el control de la ira. Aquí es clave mirar la realidad o el hecho tal como es u ocurrió sin interpretarlo porque desde ahí me dejo llevar por los sentimientos de ira, enojo.

Recuerda que cuando te dejas llevar de la ira, disminuye tu habilidad para evaluar críticamente tus propias interpretaciones. LA IRA CIEGA.

4º- Aprende a tolerar las frustraciones. Sobre todo porque forman parte de la vida de toda persona. Las frustraciones son molestas y desagradables, pero no constituyen una catástrofe, ni te hacen necesariamente desdichado. Tú eres el único que puede hacerse la vida desdichada e intolerable.

5º- Controla tu imaginación. La mayoría de las veces cuando actúas llevado de la ira, la rabia, creas realidades que son fruto de tu imaginación, dolor, herida, manteniendo encendida la ira durante meses e incluso años. Esto se traduce en ofensas a ti cometidas, “injusticias”, odios, resentimientos y, en el peor de los casos, venganzas.

Por eso es necesario recordarte que Tú eres el dueño de tu imaginación y puedes rectificar tus ideas y hacerlas más objetivas y apegadas a lo que en realidad sucedió.

6º- Cultiva el don de la empatía. La empatía es la habilidad de comprender al otro, poniéndose en su propio punto de vista. En otras palabras, es ponerse en los zapatos del otro.

Si  uno cultivará este maravilloso don de la empatía, sería más comprensivo y aceptaría, más fácilmente los defectos ajenos, siendo más tolerante con lo que nos disgusta y exaspera en los demás. En otras palabras se trata de “Amar a tu prójimo como a ti mismo” (Mc 12, 31) o “Tratar a los demás como quieres que los demás te traten” (Mt 7, 12).

7º- Aprende a desahogarte sanamente. El compartir con otra persona nuestros sentimientos agresivos constituye una verdadera catarsis o limpieza mental. Produce un profundo alivio el “ventilar” la ira y el estrés resultante de ella con una persona que nos escuche con atención, con cariño y sobre todo con empatía, o sea poniéndose interiormente en nuestra propia situación y esforzándose por comprendernos.

Lo importante es saber seleccionar bien a la persona que va a escuchar nuestras confidencias porque si no sabe guardar cuidadosamente nuestros secretos, si no sabe ella misma controlar la ira y al contrario ánima más nuestra agresividad y enojo, nos habrá hecho un mal servicio y, como dice el refrán popular, “saldrá peor el remedio que la enfermedad”.

8º. Ejercicio Físico. Otra manera muy efectiva y sana de desahogar la ira es a través del ejercicio físico ya que ayuda muy positivamente al organismo a eliminar los efectos del estrés y de la cólera. Caminar, jugar, montar a caballo, hacer bicicleta, pasear  por el campo…  no sólo favorecen la salud física sino también la salud mental.

Igualmente, es muy importante que cada persona encuentre su hobby preferido que es un excelente medio para lograr catarsis o limpieza emocional.

9º. Canaliza tu agresividad en un sentido positivo. La agresividad es una fuerza maravillosa cuando se sabe encauzar positivamente.

La agresividad es necesaria en momentos de amenaza, peligro, empuje para realizar o emprender empresas en beneficio del otro y nuestro propio. En este sentido se debe encauzar la agresividad, como una fuerza que nos permite actuar.

Es decir aprovechar toda la energía que nos da la agresividad y encaminarla, conducirla en la realización de actividades provechosas para las otras personas y para uno mismo en vez de usarla, como comúnmente la utilizamos, en gritos, amenazas y, en el peor de los casos, golpes porque nos deja sin fuerza, desalentados y con una enorme carga y fatiga emocional, física y mental; además de complejos, heridas psicológicas, vacíos afectivos y culpas.

10º. Dirige la ira no contra el pecador sino contra el pecado. La persona adulta y madura no puede permanecer impasible ante la maldad, los secuestros, la violencia, los genocidios, las injusticias sociales, la opresión de los pobres, la explotación de las minorías étnicas y de los exiliados, la explotación de las naciones subdesarrolladas por los países ricos.

En la vida cristiana, la ira es una fuerza poderosa y dinámica para luchar contra la injusticia social y contra la violación de los derechos humanos. La apatía y el silencio cobarde ante la injusticia no indica madurez emocional, ni compromiso humano, peor cristiano.

La indignación ante la maldad y la lucha por la justicia tiene un lugar importante en una persona madura y en la espiritualidad de los hombres y mujeres que siguen a Cristo.

11º. Aprende a aceptarte y perdonarte a ti mismo. La estimación y apreciación de sí  mismo hace posible la aceptación de los demás, la reconciliación con el hermano y con Dios.

Muchas veces la agresividad tiene su origen en una baja autoestima; cuando uno se siente agobiado por sentimientos de indignidad y de culpa hasta odiarse a sí mismo, se puede asfixiar entre las marejadas de la hostilidad.

Por eso debemos tener el coraje para VERNOS Y ACEPTARNOS COMMO SOMOS. El amor propio bien ordenado es el fundamento para aprender amar al prójimo y dominar los sentimientos hostiles.

12º. Olvidar las ofensas y saber perdonar. Cuando te sientas enfadado, limítate a discutir el problema presente, sin ponerte a revivir los problemas de ira que sucedieron hace varios meses, incluso años,  y que pesan sobre tus espaldas como un fardo agobiador que  atormenta tus recuerdos como un memorial de ofensas siempre presentes.

NO DEJES QUE LA IRA SE VAYA ACUMULANDO EN EL FONDO DE TU ESPÍRITU. Recuerda que la colección de rabias puede convertirse en un arsenal de explosivos altamente inflamables.

Por simple salud mental debemos hacer frecuentemente una  limpieza general de nuestro archivo de resentimientos: ofensas, frases hirientes, desprecios. Todo debe olvidarse.

13º. Cultiva el sentido del humor. Esta es otra característica de la madurez emocional.

Se trata de cultivar el humor sano, fino, que hace agradable la vida propia y la de los demás. No se entienda por humor el mofarse, reirse a costa de otras personas por su raza, etnia, orientación sexual y la sexualidad  entendida con doble sentido (cachos colorados).

Seamos capaces de reírnos de nosotros mismos y enfrentar así los problemas con objetividad, buscando soluciones en vez de enfrentarlos lamentándonos o con agresividad hacía nosotros mismos y hacia los demás.

14º. Busca la paz con Dios por medio de la oración. ¡Cuántos momentos de calma, claridad y sabiduría pueden surgir de la lectura calmada y reposada de la Biblia!, principalmente del contemplar las acciones, actitudes, dichos de Jesús y la primitiva comunidad cristiana testimoniada por escrito en los Evangelios y todo el Nuevo Testamento.

Por eso medita con frecuencia estas palabras:

  • “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mc. 12, 31).
  • “Así como  yo los amo a ustedes así deben amarse ustedes los unos a los otros” (Jn. 13, 34).
  • “No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes” (Mt. 7, 1).
  • “Dichosos los que tienen compasión de otros, porque Dios tendrá compasión de ellos” (Mt. 5, 7).

Aprenderíamos a dominar nuestro mal genio si tomáramos en serio estás recomendaciones del Señor, esforzándonos por ajustar a ellas nuestra conducta de cada día.

Las enseñanzas y los ejemplos de Jesús están bellamente resumidas en esta frase de inagotable valor:

“Aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde, ¡así encontrarán descanso!” (Mt. 11, 29)
Finalmente concluiría diciendo con Aristóteles:
Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo.
Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno. Con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.
(Aristóteles, Ética a Nicómaco).

FICHA PARA INTEGRAR LA LECTURA

De lo leído:

  • ¿Qué está claro?; ¿Qué luces me da para mi vida?
  • ¿Qué está confuso o necesito aclaración?
  • ¿Qué preguntas me hago, me surgen?
  • En familia escribimos acciones concretas que vamos ha realizar para dominar el mal genio.

 

Licenciado Carlos Molina – Psicólogo Educativo.

1- Para realizar este artículo me he basado en el libro “Dinamismos Psicológicos de la madurez emocional” del P. Alvaro Jiménez Cadena, s.j., Capítulo 4; Páginas: 53 – 73

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